SOBRE EL PROYECTO

Conclusiones

VÍDEO SEMINARIO INTERNACIONAL

Aquí puedes ver el vídeo resumen de la celebración del Seminario Internacional "Cambio climático: retos y oportunidades para la cooperación andaluza":

 

 

CONCLUSIONES

 


 Elaborado por MERCADO, COMUNICACIÓN Y DESARROLLO SL www.mercodes.com

 

Son cada día más las opiniones que consideran al cambio climático como uno de los grandes retos del siglo XXI que está marcando tanto las políticas públicas, las estrategias empresariales como los acuerdos internacionales, sin duda en conexión con el carácter global y los impactos asimétricos que está generando en distintas áreas del planeta. Además con frecuencia esta asimetría se manifiesta en regiones con menores niveles de desarrollo y sensiblemente más vulnerables a los desastres de los fenómenos naturales derivados de esta alteración climática.

Desde el ámbito de la cooperación internacional se manifiesta cada día más la necesidad de estudiar, proyectar y conocer los efectos del cambio climático de forma más específica para contar con herramientas que permitan adelantarse y adaptarse en los procesos y proyectos que se implementen.

Uno de los fenómenos con mayor impacto del cambio climático, debido al aumento de la temperatura media y la disminución de precipitaciones es el alargamiento de períodos de sequía y modificación de las condiciones naturales de aprovechamiento tradicional de los territorios. En este contexto es Centroamérica una de las regiones que presenta una mayor vulnerabilidad y en concreto la región del Corredor Seco Centroamericano (CSC) que se ubica entre los países de El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Guanacaste en Costa Rica, zona que vive en un marcado riesgo a las sequias recurrentes.

Es así como surge el origen de este proyecto en la intención de sistematizar diferentes experiencias sobre gestión de riesgos ante situaciones de vulnerabilidad relacionadas con la sequía existente en los países centroamericanos del corredor seco, con el fin de proveer de nuevos conocimientos, metodologías y herramientas a los agentes de cooperación. Se trata de trazar un puente entre las áreas de cooperación de universidades andaluzas y ONGD, en esta temática específica, generando un espacio de intercambio y transferencia de nuevos conocimientos asociados a las circunstancias cambiantes y al enfoque necesario de adaptación al cambio climático, para mejorar la calidad de vida de las poblaciones más vulnerables de los países en vías de desarrollo.

La sistematización busca documentar lecciones y recomendaciones para su posterior uso por parte de los actores andaluces (ONG y universidades), con el fin de contribuir con la réplica de buenas prácticas. La propuesta de sistematización planteada en el presente proyecto tiene básicamente los siguientes propósitos:

 

  • Facilitar el intercambio, transferencia y adaptación de nuevos conocimientos para el fortalecimiento de capacidades de los agentes andaluces, la mejora de la eficacia de la ayuda al desarrollo y promover la innovación en las técnicas de adaptación al cambio climático en países en desarrollo.

 

  • Facilitar la visibilidad, comunicación de conocimiento y su incidencia en agendas públicas.

 

Con el desarrollo de la plataforma web, como principal herramienta comunicacional, se ha iniciado la difusión de  experiencias, el trabajo colaborativo entre  diferentes actores (Universidades, ONG, etc.) con el fin de fomentar espacios de diálogos, de transmisión de conocimientos, así como la puesta en común de ideas innovadoras.

Con la aportación de herramientas y experiencias sistematizadas se enfoca el conocimiento hacia la intención de fortalecer las capacidades técnicas de los agentes andaluces a través de la identificación de prácticas concretas, experiencias innovadoras y del intercambio de conocimientos y buenas prácticas procedentes de Centroamérica y de Andalucía en torno a la sequía y a la prevención de los efectos del cambio climático para mejorar la adaptación de los proyectos de cooperación y gestión de riesgos que se puedan aplicar más eficientemente en los países en vías de desarrollo.


En el proyecto “Mejorados los conocimientos de los agentes de cooperación en adaptación al cambio climático, énfasis en riesgo de sequía en Andalucía y Centroamérica” se contemplan distintas acciones para capitalizar conocimientos y generar interacción entre universidades, ONGD, y otras personas sensibilizadas con las temáticas del cambio climático y la cooperación.

Paz y Desarrollo  con  la celebración  del Seminario Internacional, celebrado en Granada en noviembre de 2017, se planteó sistematizar el conocimiento y definir una serie de retos y herramientas para abordar la temática central del cambio climático y la cooperación.

Del conjunto de aportaciones realizadas por las personas participantes durante estas jornadas de trabajo, se pueden articular las siguientes conclusiones.

 

 

El debate y trabajo en grupos se estructuró en 7 líneas temáticas y dentro de cada una se estableció como pauta de definir al menos un reto (o varios) y una serie de herramientas para abordarlo.

 

 

1. Cuestión de terminología. Cada día tenemos más y más noticias, más y más información y nuevos términos especialmente en temáticas “calientes” como en Cambio Climático. Pero la cuestión clave es si entendemos todos lo mismo (investigadores, administración, empresas, ciudadanía, colectivos sociales) y en distintos contextos.

Se trata por tanto de alcanzar el reto de conseguir una definición consensuada de lo que significa el “riesgo de sequía” y cómo poder transmitirlo.

La utilización de herramientas de visibilización del cambio climático tiene que conseguir incidir en la agenda política, especialmente trabajando con actores con capacidad de tomar decisiones. La visibilización ante decisores tiene que incorporar necesariamente la consecución de “presupuestos para que se asignen recursos a estos temas”, y realmente se incorporen como ejes prioritarios del gasto.

Es por tanto necesario incorporar a “actores con incidencia política y negociadores involucrados en la toma de decisiones” nacionales tanto en la administración como especialmente en la esfera social y privada, no es una cuestión únicamente de la administración.

Para conseguir este reto sin duda es preciso que los “informes incorporen el uso correcto de la terminología” y que se consiga “reducir las barreras de sectores y disciplinas académicas en el uso de una terminología similar para referirse al tema”.

 

 

Las herramientas con las que se pueden establecer la unificación de criterios a la hora de explicar y aplicar medidas ante el cambio climático y riesgo de sequía,  se centrarían en abordar esta cuestión desde diferentes ámbitos. En el desarrollo de estas herramientas y como nota metodológica se apunta la preferencia por “utilizar la terminología homologada oficial producida por el IPCC (panel intergubernamental) como la base de trabajo para los programas educativos”. También el considerar que la propia “formulación de indicadores es una oportunidad” si bien a escala internacional o nacional pueden estar ya definidas en marcos generales, a la hora de trabajar a escala regional y/o local los indicadores suelen “ser enriquecidos generando capas de información que podrían servir para introducir la terminología adecuada”.

Desde la esfera educativa, se apunta como central el trabajar la situación de valores en la educación, despertar y profundizar en los valores que sustentan la  conciencia ambiental y que incorporan la vulnerabilidad y fragilidad ante riesgos y cambios derivados del cambio global. Uno de los primeros pasos a seguir, a modo de formación de formadores, sería “trabajar con generadores de opinión para que transmitan correctamente los términos” asociados al cambio climático. Otra herramienta propuesta sería la “elaboración de kits educativos para la educación formal e institucionalizada que permitan tener una terminología común a todos los sectores”.

En el ámbito de la comunicación e intervención, y para conseguir que las cuestiones terminológicas no sean un obstáculo, se propone una “mediación de la comunicación y el entendimiento de la terminología para los niveles y lenguajes de los distintos actores”, así como “utilizar círculos multisectoriales y multidisciplinares para introducir la terminología”. También se apunta la necesidad y recomendación de “realizar campañas y/o ferias comunitarias que permitan introducir la tecnología correcta y entendimiento de problemas”. Finalmente se apunta la oportunidad de utilizar la “redes sociales como una herramienta educativa en terminología” dado su mayor impacto y notoriedad en colectivos menos sensibilizados.

 

2. El obstáculo de la formación. En la mayoría de los proyectos y acciones de cooperación se encuentran deficiencias de conocimiento que impiden una mayor concienciación sobre cuestiones ambientales. En este sentido, en el caso del cambio climático y el riesgo de sequía parecen existir barreras de entrada para público “no experto” en estas materias.

La formulación del reto para abordar estos obstáculos formativos, nos centraría en la necesidad de mejora de la cooperación multilateral, y su propia coordinación. El objetivo sin duda es superar el individualismo y derroche de esfuerzos por parte de los agentes.

En cuanto a los contenidos es preciso mejorar las propuestas curriculares transversales y multidisciplinares, no se trata de generar nuevos contenidos sino de articular los contenidos existentes y todos los elementos del curriculum para activar el eje temático del cambio climático.

Otro de los puntos clave sería abordar la fuerte dependencia de las energías tradicionales poco eficientes y la necesidad de incorporar las energías limpias. En la formación es importante que el público entienda las ventajas y desventajas de la dependencia de las energías.

Es cierto que todavía hay cierta incredulidad ante el cambio climático, no es tanto el negacionismo que va perdiendo fuerza como discurso, sino la consideración de que es un fenómeno a largo plazo, o una cuestión que se aborda únicamente ante las emergencias de manera puntual antes que anticipar las posibles soluciones. Es preciso pues que la formación trabaje más en la resiliencia preventiva de las comunidades.

En la misma línea, y para evitar distorsiones de información, sería conveniente articular un proceso de formación a informadores sociales (periodistas, profesorado, responsables políticos,…) para que en el manejo de la información sobre el cambio climático sean bastante más rigurosos y conscientes de la realidad que transmiten. Con frecuencia hay poco rigor y es preciso mejorar la calidad de la información, para ello sin duda es necesario promover espacios multi?actores en las tareas de comunicación.

 

 

Al tratar las herramientas necesarias para abordar este tema se constatan que las deficiencias de conocimientos existentes conllevan a dos problemáticas clave, una sería la ya citada barrera para el público no experto en el tema, pero quizás más significativo es que el desconocimiento se traduce en una menor concienciación.

La falta de conocimiento, la ausencia de redes de trabajo y el conocimiento centrado en conceptos e información justificarían la necesidad de potenciar los contenidos actitudinales, que finalmente son los que pueden modificar comportamientos e impulsar cambios en la toma de decisiones.

Por otra parte se constata también una falta de transferencia de conocimiento cercano a los niveles no expertos, por ello necesario invertir en procesos de sistemas de gestión del conocimiento que permitan la interpretación a niveles no expertos. Si se quiere realmente tener una mayor incidencia es preciso comunicar de una manera accesible, con un lenguaje más llano, en definitiva democratizar el conocimiento.

Otra de las herramientas necesarias sería la diversificación de los canales de comunicación con el fin de despertar reacciones entre el público destinatario. La intención sería animar a actuaciones, que basadas en la curiosidad natural, puedan alentar la búsqueda de respuestas ante el cambio climático, y consecuentemente capitalizar estas respuestas para conseguir empoderar la temática del cambio climático y la gestión de riesgos y desastres naturales en los medios.

 

3. De la sensibilización a la participación ciudadana. Las referencias al cambio climático como algo futuro y global alejan la implicación de buena parte de la sociedad. Por otra parte la complejidad e interconexión de los fenómenos climáticos no siempre se traduce en cambios de hábitos y actitudes por la ciudadanía, manteniéndose una cierta “ceguera” o incredibilidad ante un problema que se considera a medio o largo plazo y que no les llegaría a afectar directamente, salvo en momentos de crisis o desastres concretos.

El reto que se plantea consiste en conectar esta problemática general del cambio climático con la vida cotidiana, es decir, trabajar en la implicación directa, en el aspecto emocional. Con frecuencia las pérdidas agrícolas concretas no se asocian a un cambio general del clima sino a las condiciones meteorológicas puntuales de esa campaña. Quizás en esta línea un buen argumento que podría utilizarse sería la cuantificación de pérdidas económicas que pueden derivarse del cambio climático, la interpretación económica facilita los procesos de adaptación.

A esta cuestión que puede leerse o interpretarse de manera individual o en concreto con determinados colectivos, hay que añadir necesariamente la transversalidad del cambio climático, es un proceso que afecta a todos los sectores (ciencia, militancia ecologista, empresarial, ciudadanía,…) es una cuestión de estado, política general, e incluso global. Pero sin perder la perspectiva de que se trata de un problema que genera desigualdad, hay un sesgo social y geográfico claramente definido. Es evidente que los desastres naturales tienen mayores consecuencias en zonas y colectivos con menores niveles de desarrollo.

 

 

Por lo tanto para abordar esta cuestión las herramientas principales tienen que centrarse en los medios de comunicación, que sean verdaderos instrumentos de información real, no condicionada ni sesgada de las consecuencias asociadas al cambio climático. Para ello es imprescindible una mayor preparación de los profesionales de los medios de comunicación, que sean capaces de informar más allá del acontecimiento o desastre puntual. Esta visión sería más real ampliando la multidisciplinaridad de los equipos de periodistas.

El fin último sería ampliar el impacto y repercusión social que a la postre acabará siendo la medida de presión y/o consideración para que estas cuestiones se incorporen en la agenda política para exigir o articular los cambios necesarios para la adaptación al cambio climático.

 

4. La necesidad de trabajar en red. La mayoría de iniciativas y proyectos que surgen desde lo local para conseguir éxito depende de un mayor grado de implicación por parte de otros agentes implicados, más aún si las abordamos considerando cuestiones globales como el cambio climático y el riesgo de sequía.

En este sentido el reto sería como se puede fomentar la colaboración entre actores que trabajan con la misma problemática del cambio climático y la desigualdad y que no acaban de encontrar sus espacios de cooperación.

 

 

Al tratar de concretar con qué herramientas se puede fomentar el intercambio de información entre las iniciativas existentes para crear alianzas y sinergias entre actores y proyectos, se plantea la necesidad de abordar cuestiones como:

  • La falta de integración entre actores, tanto a nivel horizontal como vertical que conlleva la duplicación de esfuerzos y que malgastan recursos escasos, especialmente a escala local. En este sentido  se apunta  hacer  hincapié en  el  trabajo con jóvenes en las cuestiones de cambio climático, dada la mayor vulnerabilidad de este colectivo ante los riesgos de futuro. También es básico trabajar con la formación de base y promover auditorías sociales y rendición de cuentas locales con el fin de conseguir una mayor integración de la sociedad civil en la toma de decisiones estratégicas a escala local. Se plantea la creación de redes de intereses comunes con actores clave y de diferentes disciplinas. Pero también con diferentes niveles de poder o posición en la escala de toma de decisiones para influir al cambio.
  • La falta de gestión de conocimiento a nivel local, sin duda precisa de que se promueva la información?formación de las personas para que se incluyan en los espacios de concertación y realmente articular las necesidades y establecer los mensajes de influencia. Se trataría de promover análisis de contexto participativo que permitan adaptar los cambios respecto a los aprendizajes y respecto a experiencias de otros actores con los que no se ha conectado.
  • La falta de recursos económicos para promover procesos de información y para promover proyectos. Sin duda en este capítulo no es solo importante que los proyectos que se desarrollen cuenten con un capítulo básico de difusión, sino que también se puedan articular proyectos cuya finalidad sea la capitalización y transferencia de resultados de otras experiencias.
  • De manera transversal hay que considerar la perspectiva de género, la problemática global del cambio climático y sus efectos dispares, y la sostenibilidad en términos socio? económicos y ambientales.

 

5.   Evaluación del impacto en la calidad de vida de personas beneficiarias.

La incorporación de la gestión de riesgos (ante la sequía y otras manifestaciones del cambio climático) tiene que llegar a ser determinante para realmente modificar las condiciones en la calidad de vida de las comunidades que reciben los proyectos de cooperación. En este capítulo es clave cómo medir el impacto y evaluar los proyectos y acciones.

 

Los retos que se plantean confluyen en la necesidad de interesar a los gobiernos nacionales y locales a impulsar estos procesos a través de una estrategia de comunicación, ya que los medios se remiten a los desastres y no a las causas, o a informar sobre cómo el modelo de consumo contribuye a estos desastres.

Es preciso consensuar indicadores de lo local a lo global, no es posible que cada uno defina sus propios indicadores, esto no permite acumular resultados entre los proyectos y ampliar el impacto de los mismos, sino todo lo contrario puesto que genera procesos de autocomplacencia. En la generación de indicadores el recorrido tiene que ser desde abajo a arriba y en una construcción colectiva para garantizar el impacto positivo en la comunidad.

En la misma línea es preciso trabajar un conjunto de indicadores que permitan medir el impacto de un cambio de método tradicional de producción a un modelo basado en las energías renovables que garantice la sostenibilidad.

 

 

A la hora de formular las herramientas y/o indicadores que son necesarios para incorporar en los proyectos de cooperación la evaluación de la incidencia en la calidad de vida y que consideren las condiciones del cambio climático y riesgo de sequía se plantea:

  • La necesidad de generar procesos de empoderamiento y sensibilización a distintos niveles que permitan entender el cambio climático. Que la gente pueda entender que somos parte de un ecosistema y que cada uno tiene un rol que trabajar y definir y no entender la naturaleza como una bolsa para obtener recursos sino como una “casa común” a cuidar a diario.
  • Articular una estrategia de sensibilización con medios de comunicación que contribuya a cambiar el actual modelo de consumo. Es preciso apaliar las coberturas mediáticas basadas en la obsolescencia programada y el consumo continuo que genera un volumen ingente de residuos en el planeta.

 

6. Financiación-sostenibilidad económica de las iniciativas. Cualquier proyecto de cooperación aspira a cómo hacer que, a largo plazo, las iniciativas surgidas puedan sostenerse económicamente. Esta cuestión es aún más crítica en determinados escenarios altamente condicionados por el cambio climático y el riesgo de sequía

La formulación del reto sería conseguir la puesta en marcha de procesos de cambio más allá de proyectos concretos. Se trataría de conseguir el trabajo conjunto entre los donantes de la cooperación exterior y la priorización de procesos que los propios gobiernos quieren poner en marcha, en un marco cordial de entendimiento y sin perder el ajuste a las necesidades locales de las comunidades destinatarias.

Parece claro que es mucho más rentable y sostenible la inversión en procesos que en determinados proyectos, al margen de cubrir adecuadamente la intervención humanitaria a un desastre concreto y una situación de riesgo provocada por un fenómeno natural (huracán, terremoto, inundación, etc.). Los períodos de ejecución y desarrollo de procesos se dilatan necesariamente a períodos entre 5 y 15 años, y por lo general quedan al margen de un proyecto de cooperación externa que puede financiar únicamente el lanzamiento puntual, el seguimiento o la evaluación final del proceso. Parece necesario que desde las administraciones se planteen esta cuestión ya que con frecuencia están ajustadas a calendarios de justificación que les limitan la consecución de procesos y a la sostenibilidad de los mismos.

 

 

En cuanto a las herramientas con las que encontrar y poner en práctica para conseguir iniciativas más resilientes a las condiciones ambientales y menos dependientes del exterior.

Utilizando la máxima “Ningún ataque sin respuesta”, asociada a otras reivindicaciones globales en pro de la igualdad entre géneros, en este caso sería trabajar con el cambio climático. Es decir no dejar ningún ataque al medioambiente sin respuesta gubernamental, a través del marco normativo que desarrollen planes de sostenibilidad medioambiental a todas las escalas. Desde procurar la eficiencia energética en planes locales hasta la aplicar un reglamento de sanciones “el que contamina paga”, control ambiental y lucha contra la corrupción.

Por otra es preciso favorecer el desarrollo comunitario como un instrumento para incorporar los propios planes de sostenibilidad, y también el incremento del uso de energías renovables con una planificación vertical en ambos sentidos (incluyendo la participación de los gobiernos locales en la aplicación). Favorecer con políticas económicas el uso de energías renovables y favorecer la implicación de las comunidades en su propio desarrollo garantizando la sostenibilidad de las acciones.

 

7. Hacia la necesaria igualdad entre hombres y mujeres. Conseguir mayores cuotas de igualdad entre hombres y mujeres en el acceso a los recursos y toma de decisiones es un elemento central de cualquier proyecto de desarrollo sostenible. En este capítulo en los escenarios marcados por el cambio climático y el riesgo de sequía se incrementa la brecha de igualdad al agudizarse cuestiones como la inseguridad alimentaria, la desnutrición, la feminización de la pobreza.

El reto podría formularse en la intención de articular algún tipo de modelo de gestión paritaria que incorpore por igual a hombres y mujeres en el diseño y aplicación de proyectos.

 

 

Para ello las herramientas a introducir en los proyectos de cooperación que se plantean hacen referencia a la toma de conciencia y sensibilización sobre la desigualdad. No se trata de  imponer  un  criterio  o  visión  desde  el  exterior,  sino  de  hacer  surgir  el  discurso  y empoderamiento desde la conciencia local. Para ello la comunidad tiene que ser partícipe desde el minuto “cero” del proyecto desde la propia formulación.

Es imprescindible partir de un correcto y actualizado diagnóstico, de la realidad de hombres y mujeres y desigualdades existentes. El punto de partida sin duda es la toma de autoconciencia por parte de los actores para luego generar cambios. En este trayecto son necesarias las metodologías participativas que fomenten actividad en pequeños grupos, incentiven el interés desde lo individual hasta lo grupal o colectivo.

Otra herramienta interesante que se plantea es el intercambio de roles, para hacerles conscientes de quién es el otro, y a partir de aquí generar ideas y micro espacios en los que fomentar la participación y disminuir las consecuencias de la desigualdad.

 

 

 

Como se ha podido ver a lo largo del proyecto y en el propio seminario existe un claro paralelismo existente en los territorios de Centroamérica y Andalucía con respecto a su situación de adaptación al cambio climático. Sin dejar de ser un problema global, en los cambios ya manifiestos y los que se deducen de los modelos de proyección de los escenarios globales del IPCC, ambas zonas están en un proceso de aumento de las temperaturas y disminución de precipitaciones que se manifiesta en la mayor duración de períodos de sequía, con las consecuencias importantes en las condiciones de vida, mantenimiento del sistema agrario (soberanía alimentaria) y cambios de biodiversidad y paisaje.

 

Se considera importante mantener e incrementar la práctica de cooperación e intercambio de experiencias desde la escala local, el aportar soluciones y planteamientos aplicados acerca al público no experto, e incluso valoriza las respuestas tradicionales y las acciones de adaptación y mitigación más cercanas a la vida cotidiana y que son las que realmente motivan cambios de actitud. En este punto tendría bastante interés el trabajo con las comunidades locales para hacer una construcción participada de indicadores sobre el cambio climático, indicadores que finalmente tendrían que confluir con el programa marco regional o nacional, y con las directrices internacionales (IPCC).

 

Otro elemento destacado es la necesidad de trabajar más los mensajes, la información y la formación hacia un cambio de valores, buscar la implicación emocional para conseguir que el cambio climático sea asumido por un espectro más amplio de la sociedad. Especialmente importante con el colectivo de jóvenes al ser estos los que tendrán que abordar la situación de futuro con más cambios.

 

En la misma línea fomentar la necesidad y despertar el interés por la resiliencia preventiva y, es decir, preparar los territorios, actividades, estructuras ante los escenarios de cambio climático ya previstos por la ciencia. Se trata de trabajar sobre el concepto de riesgos, anticiparse y prepararse para los cambios y desastres ambientales.

 

Finalmente como elemento catalizador ha quedado manifestado la importancia de la comunicación, la necesidad de ampliar el nivel de conocimiento de estos procesos en los comunicadores, mediadores, formadores, responsables administrativos, empresas,… con mayor incidencia en aquellos que forman parte de la toma de decisiones y tienen una mayor repercusión en los territorios afectados.

 

 

Para consultar el programa completo del Seminario y ver fotografías de la celebración del mismo, pincha aquí.

 

Y si quieres ver las ponencias del mismo, pincha aquí.

Para ver los resultados de investigación "Buenas prácticas sobre el cambio climático en Centroamérica", pincha aquí.